Publivoros 2 0 0 9

Por sus raíces etimológicas, se puede separar la palabra “Publivoros” en dos sencillos vocablos:
Publi – Voro.
El 1ero es una abreviación de “publicidad” que bien sabemos se refiere a la mercadotecnia y, valga la redundancia a la publicidad, en este caso enfocada a los comerciales. Y el 2do, de la raíz latina “Vora, Vorare” cuyo significado es devorar.
Pues bien, entendemos entonces que los Publivoros, son personas deseosas de devorar, si bien no de manera literal, si en un sentido ontológico, la publicidad.
Pero ¿Qué clase de publicidad? Bien sabemos que alrededor del mundo se emiten cientos de miles de comerciales al año, y muchos de ellos a un nivel regional, nacional, etc.
La noche prometía ser larga, y era la 1era vez que tenía dinero, tiempo y compañía para ir a un evento de esa magnitud. El boleto me costó 140 pesos, y la fila en la puerta de entrada medía más de 100 metros de largo. Claro, mi ciudad es pequeña, lo que significa que una fila de este largo es su tanto importante.
Pues bien, finalmente entramos, mi novio era mi acompañante y como era de esperarse me encontré a varios amigos en la cola y dentro del lugar. Apenas pasabas la puerta, las edecanes del evento te esperaban con una Matraca y unas palmas plásticas para hacer algo de relajo y celebrar (y obviamente para mantenerte despierto), además de unos librillos de excelente calidad que hacían la función de menú y a su vez de, irónicamente letreros comerciales.
Pasamos, y lo primero con lo que nos topamos fue con un trió de seres sacados de una película de fantasía:


Amablemente posaban para los espectadores que estábamos fascinados con estas creaciones, e incluso pedí tomarme una foto con ellos, de la cual no salí muy bien librada, pues tras posar a su lado, el broche de mariposa de mi cabello se enredó en la peluca de uno de estos seres, y tras luchar un poco con esta, finalmente me devolvieron mi broche, y yo un poco apenada me retiré a la sala donde sería la presentación.
En fin que en dicha sala había tres glamorosas mega pantallas, ubicadas delante y sobre nuestras cabezas, y la gente, ociosa, jugaba con las matracas y las palmas rojas que minutos antes los edecanes nos habían otorgado. El ruido cesó, cuando las luces de la sala se apagaron y las mega pantallas presentaron algo más que solo el modelo publicitario de nuestro evento. Un corto video de presentación, y el video de cómo se hizo la publicidad para publivoros.
Justo después, las luces se encendieron nuevamente, y debajo de la pantalla central, se hallaba un joven de aspecto desalineado y muy personal que saludaba al público con un micrófono en mano y las criaturas que nos recibieron en la entrada.

Sus palabras fueron claras y alentadoras, nos deseaba diversión y entretenimiento, comento que los publivoros era un evento que ya tenía sus años de existir y que había llegado a México gracias Romain Greco. Como lo sospechábamos, en sus palabras él exclamó: “Serán cinco horas de comerciales de todo el mundo” y así fue, sin embargo estaba decidida, no había gastado un boleto de entrada para nada, y la promesa de cinco horas de solo comerciales, aunque terrible, no fue mi mayor temor. Desde luego, humanamente hablando no es factible tener a una audiencia sentada tanto tiempo, así que igualmente con la promesa de una larga estadía en el lugar también vino la promesa de descansos entre bloques de comerciales y de regalos y bocadillos para tomar en estos bloques.
Inició el espectáculo. Los comerciales se desplegaron y me encontré con una sala llena de espectadores que hacían sonar sus terribles matracas y sus escandalosas manos aplaudidoras de plástico para celebrar el final de un buen comercial.
Estallaron risas, hubieron suspiros, alguna que otra chava (entre ellas su servidora), encontramos razones para derramar lagrimas al recordar la crisis en la que se encuentra nuestro mundo; y es que los publiboros más que un espectáculo para parrandear, fue un evento culturizarte, donde increíblemente y atreves de comerciales de otras partes del mundo, uno podía hallarse reflejado y fascinarse al notar lo universales que somos los humanos sin importar nuestros países o culturas.
Desde luego, un espectáculo así no pudo ser soportado por muchos de los espectadores de la sala y bloque tras bloque, el número de espectadores fue bajando paulatinamente. Pero coco importó pues, aunque pesado, el evento no dejó de divertir a los fieles publivoros que si bien, estaban cansados a la mitad del evento, siguieron aplaudiendo al término de casi cada comercial.
Explorando las gamas posibles de sentimientos y sensaciones humanas publivoros no es solo un evento para entretenerse, si bien su fin es alivianar la mente, también es alimentar el alma, pues bien muchos comerciales nos reflejan la realidad de nuestro mundo y nos suplican a gritos que volvamos los ojos a la realidad, que pensemos, pero que no nos quedemos solo con esos pensamientos y exclamemos un “oh, que tragedia” al viento, si no que cambiemos las cosas, que tomemos conciencia y pongamos nuestro diminuto grano de arena que aunque pequeño, si lo manejamos de forma correcta podríamos llegare a enfocarnos a hacer grandes cosas, pues el mundo está conformado de tanto individuos, que resulta tonto pensar que somos los únicos que nos deprimimos por el mundo.
Tomar acción y crear conciencia, como bien dicen algunos de estos comerciales, quizá no parezca mucho en un principio, pero es el recurso más valioso que podemos tener.
Tras cinco horas, muchos regalos, y una cantidad incontable de comerciales de todo tipo la noche concluyó, no sin antes la promesa de volver dentro de un año. Para celebrar los treinta años de los publiboros.
Si esta crónica te ha dejado intrigado y quieres saber más de los publiboros, lo siento, su noche ha pasado, pero pueden visitar sus paginas y esperar pacientemente hasta la siguiente noche, dentro de un año.
Saku Zelda
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